Para vos, que te seguis buscando.

Hay momentos en los que no sabés muy bien en qué punto te perdiste. Solo sabés que, de golpe, todo se siente más borroso. Lo que antes te motivaba ya no te dice nada. Las cosas que te daban placer ahora parecen una obligación. Te levantás, hacés lo que tenés que hacer, cumplís, respondés, pero no estás ahí del todo. Como si tu cuerpo hubiera aprendido a seguir solo, mientras vos te quedaste en pausa en algún lugar que no podés ubicar.
Y no, no siempre hay un motivo claro. A veces no pasó nada en particular. A veces todo está más o menos bien, y aun así, sentís que algo no está. Y lo más jodido de todo es no poder explicarlo. Porque ni vos sabés bien qué es. Solo sentís que algo se te apagó adentro, como una luz que parpadea en una habitación vacía.
Pero vos seguís. Porque hay que seguir. Porque sabés que si parás, se hace más difícil volver a arrancar. Porque ya te pasó otras veces, y porque aprendiste que no siempre necesitás entender lo que te pasa para poder atravesarlo. Aprendiste a bancarte la confusión sin disimularla tanto. A convivir con esas ganas de desaparecer por un rato, sin desaparecer del todo.
Y tal vez nadie lo note. O tal vez sí, pero no lo dicen. Porque estás sonriendo, estás trabajando, estás «bien». Pero hay días en los que no estás. O, mejor dicho, estás a medias. Como si una parte tuya estuviera sentada al costado, mirando en silencio, esperando que la mires también.
No estás solo en esto, aunque la sensación sea esa. Hay otros como vos, sosteniéndose en lo invisible, buscando sin saber qué. Otros que también tienen ese cansancio que no se cura durmiendo.
Estar perdido no es el final. A veces, es justo el punto donde empezás a encontrarte.

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