Alguna vez leyeron acerca del amor de la Luna y el Mar? Va más o menos así…
“La Luna, con su presencia radiante, anhelaba tocar el Mar. El Mar, con sus turbulentas olas, anhelaba el suave abrazo de la Luna. Cada noche, la Luna descendía, formando un puente plateado sobre la inquieta superficie del Mar. Las olas del mar se dirigieron hacia la Luna, pero la brecha entre ellas permaneció infranqueable. Su danza pintó al mundo con una belleza melancólica, un amor que nunca podría cumplirse. Y dentro de esa tristeza, queda aún la esperanza de que incluso las historias de amor imposibles podrían perdurar. La luna y el Mar siguen siendo un testimonio del poder duradero del anhelo y la belleza que se encuentra en lo inalcanzable.”
Acabo de inventar este cuento, sí. Quizás, algunos dirán, un poco “Cheesy”. Pero es que acaso a todos no nos ha pasado el tener un amor así? Un amor que no podemos explicar. Un amor que nos hace sentir que es el indicado, pero que resulta inalcanzable por algún motivo. ¿Quién no se ha sentido revoltoso como el Mar, y solo la Luna sea quién nos calme?
¿Habrán acaso la Luna y el Mar, con sus distancias, diferencias, mundos, elegido enamorarse? Yo diría que no. Y aun así, ahí están. Atraídos por un magnetismo que ninguno de los dos comprende, solo saben que está ahí y que ninguno de los dos puede escaparle.
Un magnetismo que genera tempestades cuando están juntos, y que hace casi insoportable el estar separados. Quizás sea la naturaleza del Mar, que solo sabe ser indomable. Quizás sea la naturaleza de la Luna, que en la soledad de la noche encuentra su segundo hogar.
O quizás, simplemente, sea lo que es: un amor imposible que de todas formas persiste.
Deja un comentario