¿Sos feliz?

Es una de las preguntas más difíciles de contestar, y a veces nos asusta tanto la respuesta que ni siquiera nos realizamos la pregunta. Si sos uno de estos últimos, te invito a que te atrevas a hacértela en este momento.

Si sentaran a sus padres y les preguntaran cuál es el mayor deseo que tienen para ustedes, lo más probable es que la respuesta sea siempre la misma: que sean felices.

Pero, ¿qué es ser feliz? Primero deberíamos definir ese concepto, cuya respuesta es tan amplia y variada como suelen ser todas las preguntas difíciles.

Está aquel que es feliz formando una familia. Aquel que lo único que le interesa es hacer plata. Aquel que solo es feliz viajando y conociendo nuevos lugares. Otros te dirán que la felicidad se las da su vocación.

Podemos, en el mundo actual, ser felices con lo que tenemos? O vivimos en un estado constante de insatisfacción en el cual, al conseguir lo que queremos, pasamos a querer otra cosa?

Qué pasa cuando lo que queremos, o pensamos querer, no nos llena? Que pasa cuando lo que queremos nos lastima? Cuando aquello que nos hace felices, al mismo tiempo nos genera inseguridad, nos angustia, nos confunde? Cómo seguimos después de eso?

El otro día me dijeron algo que me quedó grabado: “Hay que quererse mucho a uno mismo para soltar aquello que nos lastima.”

Teniendo en cuenta todo esto, pregúntate nuevamente. ¿Sos feliz? Si la respuesta es no, ¿sos lo suficientemente valiente como para hacer algo al respecto?

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