Cuenta la leyenda que todos estamos unidos por un hilo rojo, y con quien lo compartamos estamos destinados a convertirnos en almas gemelas y vivir una gran historia. No importa cuánto tiempo pase, o las circunstancias que se encuentren en la vida. El hilo rojo puede enredarse, estirarse, tensarse o desgastarse… pero nunca romperse.
Historia más conocida no podría haber utilizado, no? Pero qué puedo decirles, para un romántico dudo que exista una historia más significativa que esta. Los japoneses hablan de este hilo uniendo a las personas mediante el dedo meñique. Quizás no sea un accidente que sea ese dedo, pues es el mismo dedo en el que la arteria ulnar conecta al corazón. Esta leyenda, conocida como Akai Ito, es también motivo por el cual muchas personas, al realizar una promesa, cruzan ese dedo entre ambos para sellarla. El tan conocido “Pinky promise”.
Esta filosofía argumenta, aunque no nos demos cuenta, de que nuestras vidas se mueven en un orden predeterminado, guiados por hilos invisibles tejidos en la fábrica misma del universo. En el mientras tanto, el hilo rojo conectándonos a nuestras almas gemelas se acorta a cada momento. En el camino nuestros hilos se encontrarán, y algunas veces enredarán, con el de otras personas por un tiempo. Pero, al final del día, ese hilo nos llevará hacia la persona destinada.
Saliendo un poco de la fantasía. Alguna vez se pusieron a pensar que una persona entró a su vida por algún motivo? Muy posiblemente tengan razón. Y puede ser que el destino los haya guiado a ese momento para aprender algo de esa persona. Todos en algún momento hemos sentido esa conexión. Personas con las que los silencios no son incómodos, con las cuales podemos hablar de todo.
De qué vivimos si no de pensar que hay algo más allá de lo que logramos entender? Cómo pasamos el día a día, en un mundo tan mundano como en el que vivimos, sin creer un poquito en la magia?
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