Como dice Rolón en uno de sus libros: “La angustia no es lo mismo que el dolor. La angustia es la previa a la pérdida. Es temor anticipado, es ansiedad por lo que pueda ocurrir. El dolor surge después de que el hecho se produjo.”
La angustia es la única emoción que no engaña. Podemos creer que amamos, o que odiamos, y estar equivocándonos. Pero cuando uno se siente angustiado, no hay error posible.
Cuándo decimos basta? Hasta dónde podemos llegar a dejar de pensar en nosotros mismos, por pensar en los demás? Cuándo es que tenemos el valor de decir “Hasta acá”, de querernos más a nosotros mismos y decir “Suficiente”?
El límite, o mi límite, es darlo todo. No puedo ir a medias tintas, no puedo jugarme un poquito, poner el pie en remojo y ver si el agua está fría. Quizás sería más inteligente de mi parte hacer eso, pero se ve que todavía no me llegó el agua al tanque en ese aspecto.
En el amor no existe el libre albedrío. Nadie maneja a voluntad sus emociones. Sin embargo, una persona debe esforzarse por tener una actitud que preserve su dignidad. Por más difícil, o doloroso, que esto sea.
No podemos elegir si nos lastiman, pero podemos elegir con quien arriesgarnos a que lo haga. Nunca sabemos qué nos responderá el otro, pues es el riesgo que todos corremos al entregarnos a alguien más. Solo nos queda dar lo que podamos, sin esperar nada más que lo que nazca.
“Pues qué regalo más puro podemos hacer al otro, que entregarle todo el amor sincero que tenemos para dar?”
Deja un comentario