Este escrito empieza con una pregunta, la cual les pido que anoten su respuesta y la guarden para el final. ¿Alguna vez se sintieron realmente solos? Y cuando digo realmente solos me refiero a sentir que no tenemos a nadie con quien compartir nuestras cosas, en nadie con quien apoyarnos.
Para mí la soledad tiene un sabor particular. Estuve solo varios años de mi infancia, por motivos que no explicaré en este escrito. Uno pensaría que tener 10/11 años y estar solo unas 7 horas al día debería sentirse como Disney. Podías hacerlo como querías, en la medida de lo posible por la edad.
Déjenme decirles que se vuelve aburrido más rápido de lo que uno piensa. De grandes quizás lo vemos de otra manera, algunos hasta empezamos a enamorarnos de estar solos. Pero cuando sos chico, la soledad se siente como un abandono. No importa si es real o no, la sensación que tenes es esa.
Entonces qué haces? Empezas a mandarte cagadas…empezas a llamar la atención, cómo tener malas notas, metiéndote en quilombos, en peleas. Hice todas esas cosas, y más. Algunas más positivas que otras. Leía por horas, escribía también, inventaba historias en las cuales no me encontraba solo.
Pero, al final del día, nada te termina de llenar.
Hoy les puedo decir que he aprendido, y hasta me gusta, y muchas veces elijo, estar solo. Salgo a comer, a pasear, al cine. Elegir estar solo te hace poderoso. Porque cuando elegimos estar solos, significa que no necesitamos de nadie para estar bien. Y cuando eso ocurre, cuando te querés lo suficiente para estar bien con vos en tu soledad, sos invencible.
Lo he sentido. Lo he sentido de chico, lo he sentido de grande, lo he sentido hace poco. Y eso nos lleva a otro sentimiento de soledad, al hecho que tengamos gente alrededor en la que sabemos que podemos contar, que sabemos que están para nosotros, pero aun así no podemos, o elegimos no, hablarles.
«No nos damos cuenta de lo solos que estamos hasta que llegas al final del día con un montón de cosas para contar, pero nadie a quien contarlas.»
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